Las últimas jirafas en África Occidental

En uno de los viajes por África Occidental, tuvimos la suerte de pasar un tiempo en Niger.

Es considerado el país más pobre del mundo según la ONU, pero la riqueza espiritual y humana de su gente definitivamente no la tomaron en cuenta. Niger se encuentra en el centro del Sahel, la principal región del Sahara, donde cientos de años atrás era de mucha importancia en el mercado de la región, por donde pasaban todas las caravanas que cruzaban el desierto para transportar mercancía hasta los puertos de Dakar y de ahí ser llevado a Europa. Hoy en día todavía el Sahel nigerino forma parte del transporte de la región, donde lo más transitado son las personas de diversos países africanos tratando de llegar al mediterráneo para poder continuar hacia Europa en busca de una vida mejor para sus familias que quedaron en países donde la guerra y la corrupción es lo predominante.

Nuestra base por varios meses fue Niamey, la capital de Niger ubicada al sur oeste del país a orillas del río Niger, el segundo más largo de África después del Nilo. De ahí pudimos aventurarnos a diferentes zonas del país para así conocer sus bellezas y aprender un poco más de su cultura musulmana y tradiciones milenarias. Así que un sábado decidimos salir a Koure, un poblado a casi 2 horas de la capital, en donde existe una reserva natural que se encuentran las últimas jirafas que viven en África Occidental, un poco diferentes a la que podemos ver en el resto del continente.

Salimos a Koure muy temprano a borde de nuestro Landcruiser serie J70 en compañía de otro Landcruiser serie 200, un total de 7 personas incluyendo el guía que es obligatorio llevar dentro de las reservas en Niger. Después de casi 2 horas y media rodando por carreteras de asfalto, pero en tan mal estado que preferiría que hubiese sido en pista o trillas que seguramente la suspensión del Landcruiser iba a sufrir menos al igual que mis riñones, llegamos a la entrada de la reserva. Ahí nos detuvimos para pagar nuestra entrada a la reserva y el guía poder subirse al techo del Landcruiser y poder seguir la pista a las jirafas para encontrarlas.

Comenzamos el recorrido por trillas de tierra dentro del parque y después de unos 25 min en el medio de la nada encontramos el primer grupo. Eran 5 jirafas y una de ellas había nacido unos días antes, según nos contó el guía. Era la primera vez que encontraba animales de este porte en lo salvaje, sin cercas de por medio, sin ser una gran atracción turística, simplemente las jirafas y nosotros. Nos bajamos del carro y nos acercamos a ellas caminando lentamente para no espantarlas. Llegamos a unos 20 metros de ellas y al percibir que estábamos cerca, las jirafas más viejas rodearon a la pequeña como protegiéndola, y poco a poco se fueron alejando de nosotros. Retornamos a los vehículos para comenzar a rastrear otro grupo de jirafas y fue cuando la diversión comenzó…

Al regresar a los autos, la chica que iba manejando uno de ellos se quedó atorada en la arena. Nada complicado, era simplemente colocar el 4×4, que no se porque no la tenía puesta en ese terreno, pero bueno, siempre tienen que hacer todo complicado y más divertido. Se puso nerviosa, empezó a acelerar, ya se imaginarán el resto… estuvimos atascados por unas 3 horas por un simple error, fue la parte que más me divirtió del viaje.

Al de salir de ahí, encontramos dos grupos más de jirafas camino a la salida del parque. En general fue un día diferente y entretenido donde pudimos estar al frente de tan majestosos animales y al mismo tiempo sutiles y frágiles. Hoy en día, quedan menos de 120 jirafas en África occidental y todas ellas se encuentra en la reserva de Koure, en un país donde la lucha del día a día para poder encontrar que comer, donde paseando por sus calles a mitad de la noche observas gran mayoría de sus habitantes durmiendo en las ceras bajos los mosquiteros que las organizaciones internacionales les regalan porque ni casa tienen, un país tan pobre que no hay a quien pedirle y a pesar de todo esto, tan preocupados por su naturaleza y animales que hacen todo lo que este a su alcance para poder proteger sus últimas jirafas con muy poca o nada de ayuda de grandes organizaciones mundiales que dicen preocuparse por los animales del mundo.

Niger no es un destino turístico. La falta de estructura e inestabilidad del país como muchos países en el continente, no han dejado que se desenvuelvan como lugar turístico, pero tiene tantas cosas que ofrecer y para ver que debería ser explotado más y así posiblemente entraran más divisas al país y ayudar a sus pueblos… eso si la corrupción los deja.

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